El adorno en que nos hemos convertido

“¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! Ecl. 1: 2

Muchas veces es el envase el que nos lleva a comprar un producto. Detrás de los mejores diseños hay un equipo de marketing que ha dedicado mucho tiempo a pensar cómo resaltar en las góndolas, entre tantas marcas y opciones.

Con frecuencia adoptamos esa misma actitud: dedicamos un tiempo excesivo a lo exterior, a pensar cómo sobresalir entre los demás. Las redes sociales dan crédito a esto; se han vuelto un mercado en el que, si se quiere llamar la atención, hay que buscar la forma de destacar.

El envase puede parecer muy pulcro, puede mejorar su aspecto con el tiempo y hacernos sentir excesivamente a gusto con él. Pero es mudable. No habrán pasado siquiera unas horas después de nuestra muerte, que los gusanos comenzarán a consumir nuestro cuerpo. Incluso en esta vida, la vejez misma irá quitándonos hermosura; quizá llegue un momento en el que ni siquiera nuestras piernas nos respondan. Tomás de Kempis lo expresa en La imitación de Cristo: “No te ensalces por la gallardía y hermosura del cuerpo, que con pequeña enfermedad destruye y afea.”

Mientras tanto, muchas veces el interior permanece putrefacto y descuidado, lo dejamos a un lado. Ante la más mínima imperfección exterior hacemos un drama, cómo si el mundo se nos viniera abajo, y hacemos todo lo posible por eliminarla. ¡Cómo cambiaría nuestro entorno si nos escandalizáramos y horrorizáramos del mismo modo por nuestros defectos interiores, y pusiéramos todo nuestro empeño en erradicarlos! Nos preocupamos mucho por lo que queremos que los demás vean, ¡si empleáramos ese mismo tiempo en ser mejores cristianos!

¿Cuál es el sentido de envanecerse por la propia imagen? ¿Qué tenemos que no hayamos recibido?

Cierro con unas palabras atribuidas a San Alonso Rodríguez: "...Ahora, observe, hija mía, el contraste entre los lujosos vestidos de muchas mujeres, y el ropaje y adornos de Jesús... Dime: ¿qué relación existe en sus finos calzados con los clavos en los 'Pies' de Jesús? ¿Los anillos en sus manos con los clavos la cual perforaron los de Él? ¿Las pomposas coronillas a la Corona de Espinas? ¿La cara pintada a aquella cubierta con golpes? ¿Hombros expuestos por el bajo corte en el vestido a Su todo rasgado y ensangrentado?”


Entradas populares